¿Amor o política? Esa es la cuestión

Aníbal del Rey

Mi vida sexual estos días está súper aburrida, tanto como mi interés en la política. Así que me dije: “Ey, Aníbal, ¡revive! Igual tienes que votar y algún día, no sabemos cuándo, pero sí, volverás a coger”. He aquí mi semana.

Andaba busque y busque por quién debo votar; no tengo ni la menor idea.

Cuando era más chavito, tenía la ilusión enorme de encontrar al amor de mi vida, buscarlo hasta el cansancio, casarme, hacer un pacto, creerle todo y vivir en una casita con dos hijos, un perro, seguridad social y una pensión para asegurar mi vejez. ¡Toiiing! También pensaba en cambiar el mundo y así reconocer a los políticos que en verdad se preocupan por su pueblo. Imaginaba que encontraría algún día a los que apoyarían a este país por puro gusto de amar y hasta los visualizaba conduciendo un vochito, tipo Mujica en Uruguay. 

A mis 34 años, me acuerdo de que vivo en México y se me pasan la ilusión y la expectativa romántica. Decidí ni esperar nada de mis relaciones, pero tampoco de la política. Está perro. No aguantaré lo que no necesito en absolutamente ningún ámbito -ya hasta renuncié a mi trabajo donde duré diez años-. Por esto, me siento tremendamente orgulloso. Hace unos días le hice shu-shu a un candidato que me quería entregar un volante con su carita, toda hermosa, y me pedía que votara por él. “¿Me quieres ver la cara de estúpida?”, pensé. Puro papel malgastado.

Después de buscar un par de días, encontré por fin quiénes son los candidatos a diputados que pueden representarme en el distrito 2091 en Xalapa. ¡Meh! Algo así como enlistar mi vida amorosa. 

Entre estos, está el vato que me cae bien. Ya fue alcalde y ahora quiere ser diputado. Así he tenido ligues, no están tan feos, ya nos dimos cariñitos, estuvieron chidos, no acabamos mal, pero tampoco es que me hayan cambiado la vida, dejándome las piernitas temblorinas después de “chambear”. Luego, quiere volver y mandarle regalitos a mis amigos… ¡Cabrón! Mándame a mí al menos unos tacos. Nomás por tu cara bonita y porque el del otro lado está más feo, no te voy a hacer caso… ¿o sí? En tierra de ciegos, el tuerto es rey.

Está la hija de quien ya tiene experiencia… Esas morras me caen bien, pero con cuidadito, tienen escuela y buen maestro. Una vez salí con alguien que tenía puros amigos (muy) mayores que lo ponían súper al tiro, mostrándole todos los panoramas posibles; recordar el pasado en el futuro ajeno. Era como si tuviera un callo bruto, pero con carita de inocente. Un poco como si viviera en la piel de alguien más. La onda es que a mí los más chavitos no se me dan; no es que me sienta el más viejito, pero sí le he chambeado y he recibido los trancazos en carne propia, experiencia le dicen.

Aparece en la lista la morrita fresa que, a primera vista, no tiene broncas y es una socialité xalapeña. Lo que no saben es que ahí donde la ven es bien chambeadora y se las sabe todas, todas. Debo admitir que una vez bateé a un chico que físicamente me encantaba, tenía un currículum bien bonito y era súper trabajador, le hice fotos y ¡puff!, retrataba hermoso. Pero simplemente no podía con esa voz, era inevitable sentir cómo me rechinaban los oídos cada vez que lo escuchaba hablar. Creo que debí haberme dado chance… Neta, sí estaba bien chulo.

Entre la banda que me ha tocado echarle el ojo -y más que eso- está también el don, el oldie, el viejito ¡vamos! Ya mayor, con sus canitas -no viendo las mías- y todas las respuestas a la mano y que ya se cree súper “acá” porque hizo esto y lo otro, así bien ya sabes quién. Aunque yo, no lo sé. Si bien me gusta que me hablen bonito, me encanta que me traten bien, no solo a la hora de la conquista y del querer quedar en algo más. Es que estos “dones” pareciera que van nomás al objetivo y se acabó la fiesta… Igual y dejaron de creer en el amor y en la política, como yo. 

Los demás o son provida o les encanta estar en las redes; según, le echan mucha fuerza o se la pasan trabajando. Yo creo que, como dice Juan Gabriel, yo no nací para amar, nadie nació para mí. El hecho es que igualmente tengo que salir a votar y no falta mucho. En el amor no hay prisa, en las elecciones sí. En el amor te vienes, en las elecciones te vas… muy lejos. En el amor al final eliges, en las elecciones te chingas… o no, ya veremos. 

Pero amiguitos, amiguites pa’ la banda, cuiden su voto. Todos los que no ganamos un peso del gobierno, todos los que hemos pedido chamba y nos la han negado, los que seguimos creyendo en utopías europeas, ¡cuiden su voto! A ver si llega el partido que me cambie esta ideología de no creer en nadie. Yo pienso que, para las próximas elecciones, me voy a proponer como candidato, porque la verdad es que sí que soy un partidazo.